Desde mi última vuelta por Guayaquil, donde fui testigo del terremoto y todos los hechos acontecidos, regresé a Piura para tomar algunas decisiones y enrumbrar el camino hacia mis sueños. Tenía que decidir qué hacer con mi tesis de licenciatura así que pude conseguir que me dieran la aprobación para hacerla en mi ciudad, seguirá siendo investigación histórica, proyecto que también es parte de uno de mis objetivos personales a largo plazo.
Teniendo esto definido no tenía otra cosa que ponerme a trabajar en un proyecto con un amigo mientras solucionaba algunos asuntos en el cálido norte peruano, tocaba ahora organizarme y restar algunas horas de sueño para no descuidar ningún aspecto, estaba decidido dejar listo todo antes del sábado 28, fecha de la final de la Champions League.
Bueno, la semana empezaba bien, evento, mentoría, desarrollo personal y de equipo, en la noche no sé por qué estaba un poco preocupado, a la 1 de la mañana revisé el periódico, un par de horas después mi teléfono empezó a saltar con las alarmas del instituto Geofísico que registraba un sismo de 6.8 con epicentro cerca del que sucedión el mes pasado en Manabí, mala hora para moverse. En todo caso, en la mañana pude comunicarme con mi hermana y, como era de esperar, muchos estaban asustados porque casi al mediodía se registró nuevamente otro sismo con similar magnitud, informaban que eran réplicas que desde abril vienen sucediendo.
Todas las semanas se había movido la tierra, no sabía si eso era bueno o malo, lo que mi razón me decía es que convenía más que haya un movimiento constante de las placas de forma que la energía liberada fuera menor a un movimiento acumulado por así decirlo o de un solo golpe. En fin, es un poco más de un mes de la terrible experiencia que pasó Ecuador, yo por lo menos reaccioné tarde porque unos días después del incidente sentía que todo se movía a cada rato, le empecé a llamar el post traumático.
Recordaba todo lo que pasó en esos días durante mi estancia en Guayaquil, los que llegaban al centro de acopio con todas las ganas de irse a Manabí y ayudar, los que llegaban con mucho, los que llegaban con poco, los choferes, los guardias, todos con la mente en las personas que estaban allá, cerca y lejos a la vez.
Llegaba a casa y la televisión encendida, la radio, las redes sociales informando qué pasaba en las ciudades, pueblos y recintos donde había quedado todo devastado, periodistas y personas que llegaron a cubrir la noticia en el epicentro y en caseríos donde no había acceso, con mi mamá nos poníamos a imaginar cómo sería vivir un día sin lo necesaria, agua, luz, alimento, ropa, incluso haber perdido familiares. Hasta el más optimista sabía que este año sería un antes y un después en toda la historia del país ya que en décadas no se había registrado algo similar.
Había acompañado a mi mamá a realizar unas gestiones personales y era increíble cómo las personas llevaban carros, camionetas llenas de víveres hacia el norte, supermercados con las perchas vacías de artículos de primera necesidad, todo para las personas que lo necesitan, una cosa de locos, no se había visto eso antes.
Equipos de fútbol que donaban la taquilla entera para los damnificados, equipos enteros que realizaban alguna actividad para recabar fondos con el lema #EcuadorUnido o #TodosSomosEcuador animaban a la gente a ser generosa y juntar todo el esfuerzo posible.
Pensando que, aunque seguimos en unos años no tan buenos para Ecuador, ha sido impresionante todo lo ocurrido en estas pocas semanas, entre el miedo y la tragedia ha surgido la solidaridad, la hermandad, la fe y la esperanza que todo es para bien. Quien quita que seamos más unidos, conscientes de que en cualquier momento puede pasar algo y cambiar nuestra realidad, la de cada uno, el mundo sigue su camino, la vida sigue y no para, nosotros sí podemos parar y encontrarnos, saber que para algo estamos aquí, no sólo es hacer mucho sino también saber el por qué y el para qué.
En lo personal, he decidido regresar a Guayaquil a fines de este mes, a la tierra que me vio nacer, este año lo de tomado como un rediseño educativo personal ya que estoy direccion ando todo lo aprendido en la universidad. Muchos saben que desde el año decidí no ser empleado, no porque tenga algo en contra sino porque tengo objetivos mucho más grandes y necesito el tiempo para desarrollarlos, aunque mis padres están preocupados por el hecho de no tener un trabajo fijo (¿fijo de qué?) están contentos porque hago lo que me gusta, ayudar a los demás. Pienso que no puedo recibir nada, que el éxito no se alcanza sin dar primero y pagar el precio que tenga que ser, sin regateos.
Muchas personas no están de acuerdo tampoco con lo que hago, cosa que no me importa, pienso que estos años en Perú han sido de intenso aprendizaje, nunca olvidaré nada de lo que ma ha pasado en estos cinco años y medio en el sólido norte peruano, pero siempre el caminante tiene que hacerse un camino si ninguno de los que tiene al frente le conviene.
Agradezco a todos y a cada uno quienes he conocido desde que pisé el Perú, siempre caras sonrientes que te empujaban para arriba, porque de absolutamente todos he aprendido algo.




