jueves, 31 de marzo de 2016

Detrás del lente


Eran las vacaciones del 2013 y como era de costumbre me iba a Guayaquil de nuevo a pasar unos meses en los que iba a veranear, meterme en la piscina un rato, hacer deporte y estudiar filosofía hasta que regrese a clases. Para no perder la costumbre un amigo me dijo que apenas llegara lo visite porque no íbamos a Quito de pre-temporada con el equipo de fútbol que habían armado y necesitaban ayuda para muchas cosas, desde la cocina hasta entrenar con el equipo, y bueno, nos fuimos.

De viaje


En resumen, estuvimos en una haciendo muy cómoda, alojados en unas cabañas, trabajamos a doble jornada y el equipo tuvo un buen rendimiento durante la temporada de partidos, el famoso Club Cumbres tenía entre sus filas a chicos del Colegio Montepiedra inscritos en varias categorías, en algunas nos iba mejor que en otras, pero esa es otra historia.

A lo que iba es que durante la semana que estuvimos le presté mi cámara a Robinson, un amigo que estaba en la secundaria con muy buen ojo para esto de la fotografía, así que algunos días la tuvo y sacó buenas fotos, una mejor que otra. Después de esto solo me quedé con la duda de qué es lo que iba a estudiar en la universidad porque lo suyo era algo innato y no se podía desperdiciar. 

Mi idea era aprovechar de nuevo otra convivencia y eso pasó en carnaval, ahora el destino era la hacienda azucarera San Carlos, a un par de horas de Guayaquil donde predomina el campo abierta, el pueblo y la mini ciudad donde nos alojamos en lo que se denomina la Casa de Huéspedes, donde en época de trabajo viven los que realizan las diferentes actividades dentro de la hacienda. Así fue como también llevé mi cámara y expresamente le dije que tomará todas las fotos que quisiera y aprovechará para hacer un álbum para las redes sociales, de este modo quedaba confirmado que él tenía toda la capacidad para seguir la fotografía de modo profesional, así que le dije "tú tienes que ser fotógrafo pero de los buenos". 

Desde entonces le escribía a veces desde Perú donde me encontraba estudiando y empecé a ver destellos de arte cuando creó su página de Facebook Robinson F y se tomó muy en serio uno de sus sueños. Eso de ir en contra de todo pronóstico y en la familia ser el artista no es cosa común que podamos ver. 

Desde allí forma parte de FotoClub, un grupo de profesionales y aficionados de la fotografía donde se comparte un tiempo, una fotografía, una exposición o simplemente un café. Hace poco me ha dado mucha alegría la noticia que ha ingresado a la Universidad de las Artes Campus Guayaquil, aunque haya pocos que apoyan el arte cada vez son los mismos artistas, como siempre, los que arriman el hombro para sacar adelante proyectos de gran magnitud, cubrir eventos, estar presentes en un rincón de algún centro comercial realizando alguna exposición o mostrando lo que hacen. 

Una sesión de fotos 


En cuanto puedo ir a Guayaquil topamos y conversamos sobre cómo le va, expectativas, anhelos, entre otras cosas, ahora pone su cuota de arte en las exposiciones que realiza FotoClub. Sabemos que dentro de poco estará en otro nivel, así que el siguiente artículo será sobre alguna exposición, por qué no, internacional representando al país.


Terminamos nuestro relato no sin contar su debilidad por las nubes y los colores vivos, así es como podemos ver en algunas de sus fotos. A nuestro artista lo puedes seguir a través de las redes sociales, te aseguro que te gustará su talento.

domingo, 27 de marzo de 2016

Un día a la vez

Salí de casa de prisa como siempre, tenía un problema con levantarme temprano y corrí a tomar el metro, por suerte la estación estaba en la esquina donde está mi apartamento así que no tardé en llegar a clases, era el primer día del semestre y quería estar antes para reencontrarme con la gente, con la humanidad. 

Todos esperábamos el receso entre clase y clase para desarrollar nuestras habilidades sociales, como lo decía un viejo amigo, así que contábamos nuestros paseos, viajes y todo lo que habíamos hecho en las vacaciones. Con el transcurrir de los días recuperaba los contactos que había conseguido en años anteriores, uno de ellos era Carol que se había hecho muy amiga mía el anterior semestre ya que habíamos llevado varios cursos juntos y dentro de todos los pesares del año pasado había encontrado en ella en quien confiar, pasó mucho en poco tiempo así que también pude ayudarle en lo que podía, como me dijeron alguna vez, a veces lo mejor que puedes hacer es escuchar. 

Ni bien pasar las primeras semanas se acercaba un evento muy importante para la universidad que era el concurso de baile interfacultades en el que todos querían participar y llevarse el Algarrobo de Oro, el más codiciado trofeo de baile de toda la región norte. De esta forma también tendrían un cupo para otros eventos internacionales, sin hablar de la gloria y la fama ya que el concurso era público y transmitido a nivel mundial por televisión e internet, algo sin precedente con todo la tecnología disponible hoy. 

Como era de costumbre, quería ocupar un puesto dentro del elenco principal en mi facultad así que postulé y me aceptaron, me había ganado el puesto con la trayectoria que tengo, pero no nos desviemos del tema. Al transcurrir los ensayos iba conociendo más personas, pero me percaté que Carol tenía una nueva amiga, de hecho me enteré que se conocían de antes pero no le sacaba pinta como decimos en mi pueblo. 

Algunos rumores corrían en la facultad que yo estaba detrás de una chica del elenco, y de otra de mi año, y otra y así, supe que eran las típicas oleadas de comentarios que en años anteriores también se habían suscitado pero el asunto es que no tenían fundamento para aquello, por lo tanto, seguía haciendo lo que tenía sin importar lo que decían aunque sinceramente me dolía por dentro porque algunas de esas personas las conocía, y me conocían. Cosas de la vida que no se entienden pero que deben superarse, amigos siempre contados con las manos, y muchas veces basta una sola para contarlos. 

Siguiendo con la historia, en uno de esos días que salíamos del ensayo coincidí con Carol y salimos caminando por el sendero que daba directamente a un chifa así que decidimos conversar un rato y almorzar allí. Lo que no contábamos es que al poco rato pasó por nuestro lado su amiga, sus ojos oscuros hacían que lo pensara dos veces para decirle algo, pero me armé de valor, y como siempre digo: la vida es una sola así que la saludé con la misma personalidad que saludo a los que atienden en el cine. Así que desde allí ya no tuve miedo de hablarle, seguramente porque me percaté que, después de unos segundos, que por fuera era como una Superwoman pero por dentro, pensaba, tenía una pena que ella conocía pero que nadie aún la había podido ayudar a sanar, cosas que con intuición de profesor dices, hay algo aquí que no anda bien.

Al entablar una amistad con ella, no pensaba la verdad calar tan hondo como lo había hecho en tan poco tiempo, lo cual no me parecía raro porque en la facultad tenía buenas amigas que confiaban en mí, pero no al punto de contar conmigo para escuchar desde el corazón tantas penas y pesares que pueden traer abajo cualquier vida. Estaba seguro desde el momento que tomamos un café que, efectivamente, yo tenía razón al pensar que tenía una pena muy honda y muchos dolores en el cuerpo y en el alma pero que a la vez era tan fuerte para haber soportado tanto siendo tan joven.

Esto sinceramente me impactó porque un poder de otro mundo, el estar en gracia de Dios era patente y a mí me movió en el alma ya que hace algún tiempo no experimentaba eso, me había dejado a la deriva en una gran soledad espiritual que el testimonio de aquella joven me servía para que tomara la decisión de volver como hijo pródigo. 

Al darme cuenta la situación que atravesaba mi amiga pensé que era necesario que me acercara un poco más y también dejará que ella entre en mi vida así como un amigo abre su corazón para que el compañero caído descanse y encuentre un refugio seguro, aunque sea por un momento. Antes de tomar la decisión siempre es bueno tener la opinión de otra persona así que como es obvio le pregunté a Carol que sin dudar me dijo que le parecía muy bien, que nada más tenía que contar desde ya con los futuros comentarios que iban a surgir seguramente de esta amistad, cosa que después de un segundo, no me importaron y los di por hechos.

Coincidió que ese mismo día la encontré con los vidriosos yendo por el sendero de los algarrobos así que conversé con ella aunque, como siempre, me limité a escucharla y hacerle una u otra broma para sacarle una sonrisa para calmarle, además de comerme todos los sandwiches que tenía guardados en su cartera, siempre me pregunté por qué llevaba tantos ese día.

Aproveché un viaje no planeado a Guayaquil para traer chocolates así que, aproveché para verla de nuevo, tomar un café y dárselos, al parecer le había gustado y cada vez que me visitaba en mi apartamento se lanzaba directamente hacia la cocina a ver si había alguno escondido por ahí, cosa que me causaba mucha gracia porque si no era eso cofia todo lo que podía a su paso, solo la veía como la hermana pequeña y fuerte que no tuve, aquello que me hacía falta para completar un vacío que tenía en la corta vida que hemos pasado. 

Al escribir estas breves líneas he querido manifestar con estilo propio un gran cariño y aprecio, sin causar tristeza, hacia aquel personaje que aparece de repente en la historia, situación que pasa en la vida misma pero que se quedan para siempre y que no te arrepientes de conocerlos. Siento gran alegría haber escrito una historia resumida de una amistad transparente como Gasparín pero tan chévere como una película en el cine con un balde inmenso de cancha. 

Ñañolandia, donde la actitud lo cambia todo.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Entre el Cerro y el Astillero

Guayaquil, puerto principal del Ecuador, presenta una historia similar a la de muchas de las ciudades costeras que se ubican a lo largo de todo el litoral de Sudamérica. Diferentes fechas y cuestiones en torno a su fundación y ubicación original se han vertido en el estudio histórico de mi ciudad natal. 

Podemos tomar como referencia el año de 1534 en el que un pedacito de América tomó el nombre del apóstol Santiago y desde allí ha ido transformándose hasta ser catalogada como la Perla del Pacífico, puerta de entrada del Ecuador tanto por mar como por aire teniendo unos de los mejores aeropuertos del continente. 

Pero estas líneas no versarán sobre la ciudad de casi cuatro millones de habitantes, pionera en tecnología de tránsito, redes de caminos e infraestructura que lidera el país con el edificio más grande, el The Point, cerca al Cerro Santa. Nos remontaremos siglos atrás, hacia la época donde los centros comerciales y el Malecón Simón Bolívar eran nada más que un fastuoso manglar y bosque húmedo. 

Empecemos retomando las primeras líneas, como dijimos Guayaquil no ha iniciado su vida donde hoy se encuentra, la Perla estuvo escondida en un primer momento en lo que hoy es la ciudad de Riobamba a 240 kilómetros de distancia, en el austro ecuatoriano. Posteriormente, debido a las necesidades que tenías los españoles de acantonarse en un territorio con salida al mar, y someter a las tribus que ocupaban los territorios, los Huancavilcas, los Daules, entre los principales.

El inicio de esta gran ciudad, como algunas, es tomada de una tradición oral que viene siendo transmitida de generación en generación y que cada uno de los guayaquileños conocen y la cuentan como si fuera su propia historia de vida. Sucede que entre las tribus huancavilcas que se situaban en este territorio vivía un cacique llamado Guayas y su esposa Quil, ellos fueron los últimos resquicios de la resistencia contra los españoles ya que estos fueron conquistando territorio a través del camino de entrada a la costa, hacia el Golfo.

La conquista de los territorios huancavilcas fue todo un proceso de constantes reinicios ya que, luego que habían construido casas de madera en las calles aledañas a las faldas del Cerro La Culata (actualmente Santa Ana), los indios quemaban la ciudad haciendo que se retrase el acantonamiento de las tropas a cargo del General Francisco de Orellana. 

Dentro de este marco inicial de la ciudad podemos destacar la acción sistemática de los indígenas incluso mucho después de la conquista, los huancavilcas estuvieron apostados por toda la costa teniendo como centro el golfo, punto de entrada de intercambio de otras tribus del sur. 

Además, varios cambios sufre Guayaquil, que a propósito según los historiadores, proviene del dialecto tsafiki y significa Nuestra Casa Grande, ahora toda la vasta selva y manglar que ocupa el sur del cerro es copado en gran medida por casa confeccionada de caña guadúa, y que singularmente en Perú se la conoce como caña de Guayaquil, que es codiciada por su gran calidad para construcciones domésticas ya que posee durabilidad, consistencia y resistencia a climas tropicales, propios de estas tierras cercanas al mar. 

Dentro de esta dinámica en que confluyen distintas culturas, intereses y sociedades que tejen nuevos mecanismos de comercio, producción traídas veces muchas desde Europa, esto da paso a nuevos lugares como famoso astillero de Guayaquil, lugar en el que se fabricaban los más grandes galeones y navíos del siglo XVII usados en grandes travesías de altamar o llevando cargamento a través de los puertos hasta cruzar el Atlántico. 

Hoy en día la Perla del Pacífico es el producto de todo el avance tecnológico de las últimas dos décadas y el empuje de su gente trabajadora. Ahora el Barrio del Astillero se ha convertido en un museo en donde se muestra al público cómo se realizaban las construcciones y reparaciones de los barcos en el último siglo. El manglar que un día ocupó el territorio de los huancavilcas dio paso al puerto que el año pasado fue terminado en su segunda etapa con su sector de oficinas denominado Puerto Santa Ana, la segunda parte del Malecón junto al Cerro, el corazón del Guayaquil Antiguo que hoy en día es punto de encuentro de turistas y nativos que quieren descubrir los orígenes de esta bella ciudad, que sigue teniendo de huancavilca y de europeo su cultura, sus costumbres y su gente, desde el norte hasta el sur, desde el Cerro hacia el Astillero.

sábado, 12 de marzo de 2016

Raíces

Siendo fin de ciclo de clases ya estaba planeando mis vacaciones, serían pocas semanas en las que podría visitar a mi familia, a mis amigos, ir a mi ritmo (lento por cierto) y dormir unas horas más tarde. En cuanto regresé a Guayaquil fui como era costumbre a visitar a unos amigos y apenas me vieron escuché la pregunta: ¿No te quieres ir a Cuenca? En ese momento sabía que alguien te tenía que viajar y que necesitaban que yo lo acompañe. 

En todo caso no era tan mala la idea de variar un poco mi plan inicial por unos días y además visitar la ciudad que es cuna de los Andrade, conocería mis raíces al fin, tanto tiempo sin saber de dónde vengo. Aunque mi papá no es cuencano ni mi mamá tampoco, mi abuelo sí lo es, con lo cual antes de viajar lo visité y le pregunté por quiénes y por dónde podía encontrar algunos Andrade por ahí. En resumen no había casi nadie, muchos viajaron al extranjero y todo lo que había (haciendas, fincas, casas, etc) seguramente pasó a manos de otras personas por venta, quién sabría esa historia.

Lo que sí me comentó mi abuelo es que los Andrade Arízaga y familiares eran personas de la alta sociedad cuencana, literatos, intelectuales, profesores de los mejores colegios de esa ciudad, siempre hombres y mujeres de letras. Eso me ayudó mucho a comprender el perfil de algunos, incluyéndome, miembros de la familia. Efectivamente, aún viven muchos profesores y escritores que son de la familia pero no viven en Ecuador, en todo caso, sabía que esto de pensar y ver un poco más allá de lo evidente al estilo de Leonó no era coincidencia o invento mío, lo llevamos en la sangre y es deber que cultivarlo a través de estos años en los que estamos explorando el mundo, conociendo a las personas, descubriendo a muchos artistas casi ocultos. 

A bordo del bus que nos llevó hasta el Mirador del Turi


Regresando al inicio de la aventura, en esta oportunidad debía acompañar a mi amigo Beto, un ingeniero civil peruano (de Chiclayo City) radicado en Guayaquil hace algunos años en Guayaquil, emprendedor, deportista pero sobre todo un gran hermano y amigo mío desde mis últimos años de secundaria. El motivo es que él tenía molestias al respirar debido a un problema en su tabique o algo así me explicó, muchas veces Beto describía las cosas un poco más complicadas de cómo eran en realidad. En todo caso emprendimos el viaje desde Guayaquil conversando como siempre, de la vida, que como decía Don Vicente Rodríguez Casado, era tema suficiente para pensar toda una vida.

Al llegar a Cuenca a Beto se le ocurre cantar a todo pulmón una canción de su grupo favorito Coldplay y tuvimos algunas miradas extrañas encima nuestro, pero como ya estaba acostumbrado a esas escena solo sonreí y seguimos el camino. Llegamos a un hotel recomendado por un viejo amigo nuestro, nos alojamos por todos esos días junto a su papá que se había unido a nuestro viaje, siempre nuestros padres están a lado nuestro a los 4 años y los 44 (no quiere decir que Beto tenga esa edad). 

Catedral de Santa Ana de los cuatro ríos


En resumidas cuentas, Beto salió muy bien de la operación aunque me comentó por lo bajo que hubiera aprovechado para decirle al doctor que le haga por ahí unos retoques y quedara con la nariz perfecta, al final todo bien. Después del reposo debido no podíamos quedarnos con las ganas de salir a pasear a respirar aire fresco con nariz nueva por el centro de Cuenca, recorrer en el bus turístico los distintos barrios y subir hasta el Turi, un cerro donde nos tomamos fotos en el mirador, la vista como siempre impresionante, no pudo ser mejor. 

Entramos a la Catedral a visitar a Jesús aprovechando que había un bonito nacimiento armado a un costado del altar y escuchamos misa en la mañana. Para ser sincero siempre me fijaba si alguien tenía características parecidas a mi abuelo pero no me acerqué a nadie cuál era su apellido, fue un poco extraño pensar que me iba a encontrar con algún familiar por ahí.

Con mucho éxito regresamos a Guayaquil y la misión cumplida del escuadrón, aunque con un poco de temor porque el chofer de la movilidad estaba con el celular todo el tiempo, iba a 90 en curvas y la carretera mojada, pero hacía bien un poco de adrenalina luego de la tranquilidad de Cuenca, una ciudad, donde pensándolo bien, podría irme a vivir sin ningún problema. Es la tercera ciudad más importante del país, la gente es muy amable, hay muchos parques y áres verdes donde hacer deporte, buenas universidades según el ranking nacional, todos los taxis cobran dos dólares a cualquier parte, no es tan alta con respecto a otras ciudades de los Andes, la verdad me sentí como en casa. 

Este año regresaré a visitar mi ciudad natal por decirlo de alguna manera, de donde salieron algunos locos lanzados hace ya unas cuantas décadas y dejaron bien dentro del mundo las raíces de una nueva forma de ver el mundo, donde hay que ir por todo, donde lo único que importa es ganar.

Uno de los colegios emblemáticos de Cuenca, el Benigno Malo 

domingo, 6 de marzo de 2016

La Habitación musical

Emprendí un viaje hacia la Florida, sector norte de Guayaquil, donde solía ir a jugar con mis amigos del colegio en aquellos buenos tiempos. Nos reuníamos en la casa de uno que tenía una consola de videojuegos y en torno a ella pasábamos la tarde de los viernes luego de clases, aunque muchas veces alternábamos jugando fútbol en la cancha que estaba cerca de su casa.

Ahora mi objetivo era encontrar a otro amigo del colegio que hace poco había terminado la secundaria y era artista, me habían contado que en su casa tenía su propio estudio de música y que estaba creando canciones, que estaba grabando con algunos artistas, eso me parecía increíble y por eso me di tiempo para ser testigo presencial de aquel prospecto para mi blog, mi primer artista casi oculto. 

Previamente le había escrito y me respondió, le pareció excelente la idea de conversar para publicar en mi blog, le contaba que estaba detrás de amigos y personas conocidas que desarrollen algún talento o que se dediquen a algo artístico y darlo a conocer al mundo entero. Él había empezado su trayectoria desde hace varios años atrás cuando junto a unos amigos suyos, también del colegio, formaron una banda llamada Nueva Tribu, me dio la primicia que están desarrollando nuevas rolas para grabarlas de manera profesional. 

Acompañando a Lucas García en The Music Room, cocinando ideas

Al llegar a su casa me recibió su mamá que tiene su taller de costura en un salón al costado de su casa, entonces apareció la famosa puerta de La Habitación musical, donde hace algunos meses se vienen desarrollando grabaciones de canciones inéditas escritas por nuestro artista, además de ser intérprete y compositor trabaja con algunos amigos suyos que cantan y tienen sus estudios de grabación como el suyo. 

Me sorprendió que en su propio dormitorio haya adaptado el espacio para que, de forma perfecta, tenga cada cosa en su lugar, todo un sueño haciéndose realidad. Cuenta con un escritorio donde tiene la computadora, parlantes, un órgano y una consola. En un pequeño rincón y lleno de espuma anti ruido se hayan los micrófonos y el pedestal, lugar donde los nuevos artistas explayan su talento, para luego pasar por el trabajo arduo de componer y afinar con detalle cada uno de los sonidos logrando una pieza de alta calidad, cosa que solo algunos lo pueden hacer. 

Así es como en varios meses con gran esfuerzo ha logrado grabar varios covers, trabajar en conjunto con un estudio audiovisual llamado Alo Vn Films el cual se encarga de diseñar portadas, publicidad y la parte de fotografía, así es como ha nadido La Perla Guayaca, una sociedad donde los nuevos talentos pueden realizar y desarrollar su carrera con ayuda de ellos, pudiendo tener alcance no solo en redes sociales sino también a través de otros medios de comunicación. Pinta muy bien el futuro de nuestro artista, sabiendo que en equipo se llega más lejos. 

El corazón de La Habitación musical

Nuestro artista, Lucas García, o como se hace llamar Lukz en el Beat tiene gran talento y lo ha sabido desarrollar a lo largo de su experiencia y también con la ayuda de sus amigos que también se dedican a la música. Dentro de poco tendremos un nuevo sencillo, un nuevo álbum, un trabajo como un gran artista que represente a los jóvenes que como él, cada día se dedican horas a ensayar, a practicar, a aprender aún más por lograr un gran sueño.

Quedamos de acuerdo en que dentro de poco lo volvería a visitar ya que me encontraba de viaje entre dos tierras hermanas con el objetivo de encontrarme con más artistas casi ocultos. Para saber más de Lucas García puede seguirlo en redes sociales, dentro de poco esto será una gran historia porque esto es solo el comienzo. 




Sigue a Lucas García: https://www.facebook.com/lukzenelbeat593/ 
Mira sus vídeos en YouTube: https://www.youtube.com/Lukz2605 
Descarga el contenido en Soundcloud: https://soundcloud.com/themusicroom593
Descubre La Habitación musical: https://www.facebook.com/themusicroomEcuador
Mira sus fotos en InstagramThemusicroom593 / Lukzenelbeat