Siendo fin de ciclo de clases ya estaba planeando mis vacaciones, serían pocas semanas en las que podría visitar a mi familia, a mis amigos, ir a mi ritmo (lento por cierto) y dormir unas horas más tarde. En cuanto regresé a Guayaquil fui como era costumbre a visitar a unos amigos y apenas me vieron escuché la pregunta: ¿No te quieres ir a Cuenca? En ese momento sabía que alguien te tenía que viajar y que necesitaban que yo lo acompañe.
En todo caso no era tan mala la idea de variar un poco mi plan inicial por unos días y además visitar la ciudad que es cuna de los Andrade, conocería mis raíces al fin, tanto tiempo sin saber de dónde vengo. Aunque mi papá no es cuencano ni mi mamá tampoco, mi abuelo sí lo es, con lo cual antes de viajar lo visité y le pregunté por quiénes y por dónde podía encontrar algunos Andrade por ahí. En resumen no había casi nadie, muchos viajaron al extranjero y todo lo que había (haciendas, fincas, casas, etc) seguramente pasó a manos de otras personas por venta, quién sabría esa historia.
Lo que sí me comentó mi abuelo es que los Andrade Arízaga y familiares eran personas de la alta sociedad cuencana, literatos, intelectuales, profesores de los mejores colegios de esa ciudad, siempre hombres y mujeres de letras. Eso me ayudó mucho a comprender el perfil de algunos, incluyéndome, miembros de la familia. Efectivamente, aún viven muchos profesores y escritores que son de la familia pero no viven en Ecuador, en todo caso, sabía que esto de pensar y ver un poco más allá de lo evidente al estilo de Leonó no era coincidencia o invento mío, lo llevamos en la sangre y es deber que cultivarlo a través de estos años en los que estamos explorando el mundo, conociendo a las personas, descubriendo a muchos artistas casi ocultos.
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| A bordo del bus que nos llevó hasta el Mirador del Turi |
Regresando al inicio de la aventura, en esta oportunidad debía acompañar a mi amigo Beto, un ingeniero civil peruano (de Chiclayo City) radicado en Guayaquil hace algunos años en Guayaquil, emprendedor, deportista pero sobre todo un gran hermano y amigo mío desde mis últimos años de secundaria. El motivo es que él tenía molestias al respirar debido a un problema en su tabique o algo así me explicó, muchas veces Beto describía las cosas un poco más complicadas de cómo eran en realidad. En todo caso emprendimos el viaje desde Guayaquil conversando como siempre, de la vida, que como decía Don Vicente Rodríguez Casado, era tema suficiente para pensar toda una vida.
Al llegar a Cuenca a Beto se le ocurre cantar a todo pulmón una canción de su grupo favorito Coldplay y tuvimos algunas miradas extrañas encima nuestro, pero como ya estaba acostumbrado a esas escena solo sonreí y seguimos el camino. Llegamos a un hotel recomendado por un viejo amigo nuestro, nos alojamos por todos esos días junto a su papá que se había unido a nuestro viaje, siempre nuestros padres están a lado nuestro a los 4 años y los 44 (no quiere decir que Beto tenga esa edad).
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| Catedral de Santa Ana de los cuatro ríos |
En resumidas cuentas, Beto salió muy bien de la operación aunque me comentó por lo bajo que hubiera aprovechado para decirle al doctor que le haga por ahí unos retoques y quedara con la nariz perfecta, al final todo bien. Después del reposo debido no podíamos quedarnos con las ganas de salir a pasear a respirar aire fresco con nariz nueva por el centro de Cuenca, recorrer en el bus turístico los distintos barrios y subir hasta el Turi, un cerro donde nos tomamos fotos en el mirador, la vista como siempre impresionante, no pudo ser mejor.
Entramos a la Catedral a visitar a Jesús aprovechando que había un bonito nacimiento armado a un costado del altar y escuchamos misa en la mañana. Para ser sincero siempre me fijaba si alguien tenía características parecidas a mi abuelo pero no me acerqué a nadie cuál era su apellido, fue un poco extraño pensar que me iba a encontrar con algún familiar por ahí.
Con mucho éxito regresamos a Guayaquil y la misión cumplida del escuadrón, aunque con un poco de temor porque el chofer de la movilidad estaba con el celular todo el tiempo, iba a 90 en curvas y la carretera mojada, pero hacía bien un poco de adrenalina luego de la tranquilidad de Cuenca, una ciudad, donde pensándolo bien, podría irme a vivir sin ningún problema. Es la tercera ciudad más importante del país, la gente es muy amable, hay muchos parques y áres verdes donde hacer deporte, buenas universidades según el ranking nacional, todos los taxis cobran dos dólares a cualquier parte, no es tan alta con respecto a otras ciudades de los Andes, la verdad me sentí como en casa.
Este año regresaré a visitar mi ciudad natal por decirlo de alguna manera, de donde salieron algunos locos lanzados hace ya unas cuantas décadas y dejaron bien dentro del mundo las raíces de una nueva forma de ver el mundo, donde hay que ir por todo, donde lo único que importa es ganar.
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| Uno de los colegios emblemáticos de Cuenca, el Benigno Malo |



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