Guayaquil, puerto principal del Ecuador, presenta una historia similar a la de muchas de las ciudades costeras que se ubican a lo largo de todo el litoral de Sudamérica. Diferentes fechas y cuestiones en torno a su fundación y ubicación original se han vertido en el estudio histórico de mi ciudad natal.
Podemos tomar como referencia el año de 1534 en el que un pedacito de América tomó el nombre del apóstol Santiago y desde allí ha ido transformándose hasta ser catalogada como la Perla del Pacífico, puerta de entrada del Ecuador tanto por mar como por aire teniendo unos de los mejores aeropuertos del continente.
Pero estas líneas no versarán sobre la ciudad de casi cuatro millones de habitantes, pionera en tecnología de tránsito, redes de caminos e infraestructura que lidera el país con el edificio más grande, el The Point, cerca al Cerro Santa. Nos remontaremos siglos atrás, hacia la época donde los centros comerciales y el Malecón Simón Bolívar eran nada más que un fastuoso manglar y bosque húmedo.
Empecemos retomando las primeras líneas, como dijimos Guayaquil no ha iniciado su vida donde hoy se encuentra, la Perla estuvo escondida en un primer momento en lo que hoy es la ciudad de Riobamba a 240 kilómetros de distancia, en el austro ecuatoriano. Posteriormente, debido a las necesidades que tenías los españoles de acantonarse en un territorio con salida al mar, y someter a las tribus que ocupaban los territorios, los Huancavilcas, los Daules, entre los principales.
El inicio de esta gran ciudad, como algunas, es tomada de una tradición oral que viene siendo transmitida de generación en generación y que cada uno de los guayaquileños conocen y la cuentan como si fuera su propia historia de vida. Sucede que entre las tribus huancavilcas que se situaban en este territorio vivía un cacique llamado Guayas y su esposa Quil, ellos fueron los últimos resquicios de la resistencia contra los españoles ya que estos fueron conquistando territorio a través del camino de entrada a la costa, hacia el Golfo.
La conquista de los territorios huancavilcas fue todo un proceso de constantes reinicios ya que, luego que habían construido casas de madera en las calles aledañas a las faldas del Cerro La Culata (actualmente Santa Ana), los indios quemaban la ciudad haciendo que se retrase el acantonamiento de las tropas a cargo del General Francisco de Orellana.
Dentro de este marco inicial de la ciudad podemos destacar la acción sistemática de los indígenas incluso mucho después de la conquista, los huancavilcas estuvieron apostados por toda la costa teniendo como centro el golfo, punto de entrada de intercambio de otras tribus del sur.
Además, varios cambios sufre Guayaquil, que a propósito según los historiadores, proviene del dialecto tsafiki y significa Nuestra Casa Grande, ahora toda la vasta selva y manglar que ocupa el sur del cerro es copado en gran medida por casa confeccionada de caña guadúa, y que singularmente en Perú se la conoce como caña de Guayaquil, que es codiciada por su gran calidad para construcciones domésticas ya que posee durabilidad, consistencia y resistencia a climas tropicales, propios de estas tierras cercanas al mar.
Dentro de esta dinámica en que confluyen distintas culturas, intereses y sociedades que tejen nuevos mecanismos de comercio, producción traídas veces muchas desde Europa, esto da paso a nuevos lugares como famoso astillero de Guayaquil, lugar en el que se fabricaban los más grandes galeones y navíos del siglo XVII usados en grandes travesías de altamar o llevando cargamento a través de los puertos hasta cruzar el Atlántico.
Hoy en día la Perla del Pacífico es el producto de todo el avance tecnológico de las últimas dos décadas y el empuje de su gente trabajadora. Ahora el Barrio del Astillero se ha convertido en un museo en donde se muestra al público cómo se realizaban las construcciones y reparaciones de los barcos en el último siglo. El manglar que un día ocupó el territorio de los huancavilcas dio paso al puerto que el año pasado fue terminado en su segunda etapa con su sector de oficinas denominado Puerto Santa Ana, la segunda parte del Malecón junto al Cerro, el corazón del Guayaquil Antiguo que hoy en día es punto de encuentro de turistas y nativos que quieren descubrir los orígenes de esta bella ciudad, que sigue teniendo de huancavilca y de europeo su cultura, sus costumbres y su gente, desde el norte hasta el sur, desde el Cerro hacia el Astillero.
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