domingo, 28 de febrero de 2016

Idas y vueltas

En mi último viaje a la ciudad de Guayaquil estuve conversando con muchas personas, amigos, familia y también desconocidos, la verdad desde hace pocas semanas he estado, como dicen, muy lanzado y medio sin vergüenza (más de lo que ya era) para entablar sin nungún miedo conversación con desconocidos, conversar un rato, preguntarles a qué se dedican o saber cómo les va, no saben a cuántos les hacía falta una palabra de aliento o una esperanza, y para eso estamos, siendo luz en medio de la oscuridad de muchas personas, siempre con humildad y respeto por la libertad personal. 

Luego de esta introducción breve les sigo contando sobre mis aventuras caminando despacio por el centro, por los suburbios donde crecí y aprendí a no subestimar a nadie, por mi colegio, etc; algunas personas por mi barrio me preguntaban qué estaba haciendo por ahí ya que han sido cinco años donde esporádicamente iba, mis estudios universitarios y mis circunstancias personales hacían que me ueden en Perú. Les sorprendía a muchos que estaba emprendiendo en algo que no tenía nada que ver con mi carrera y empecé a experimentar cierta vergüenza o temor del qué dirán. Después,malo pensé bien, reflexioné sobre la situación de cada uno de los que me preguntaron eso y me di cuenta que ninguno se dedicaba para lo que había estudiado, pocos habían terminado la universidad, incluso algunos con una mala situación siempre me hablaban sobre la crisis del país y que hay pocas oportunidades que existen hoy en día. 

Entonces ahí estaba mi respuesta, cómo es que los que no habían emprendido, o no se habían esforzado (algunos no todos porque tengo muchos amigos que les va muy bien) me podían aconsejar a mí que no emprenda, que no me arriesgue, que busque un trabajo seguro, que no había oportunidades ahí afuera, algunas cosas depende cómo las veas, unos pueden salir en la lluvia a divertirse, reír y bailar, otros simplemente morirse de la ira porque se les mojó su ropa, cosa que me ha pasado, o renegar porque las calles, porque el lodo, por esto y lo otro, y me di cuenta que cada uno tiene la decisión de hacer que las circunstancias te resten y sumirte en lo más hondo de la tristeza o, por el contrario, dar gracias a Dios porque llovió y pudiste ver un hermoso arcoiris desde la ventana del bus repleto y que llegues a casa donde nadie te espera y poder sentirte en paz porque las circunstancias son eso y nada más. 

Algunos dirán que mi forma de pensar o ver las cosas es demasiado positiva o poco realista, que quizá me vuelto un poco loco por los libros que leo o porque la gente con la cual me junto me ha cambiado. Te cuento algo en confidencia, si esto pasó así y ahora pienso diferente le doy muchas gracias a Dios, porque los principios que me enseñaron mis padres y mis profesores del colegio siguen intactos, aún sigo cultivando los hábitos que aprendí con mis amigos de mi adolescencia, así que no hay de qué preocuparse. 

En todo caso, estos pocos días en Guayaquil han sido de enorme aprendizaje, empezando porque sigo viendo a mi mamá (profesora de primaria) llegando de su trabajo cansada a almorzar conmigo. Supongo que cuando lea esto sabrá que me ha enseñado a ser perseverante y a no abandonar nunca lo que emprendo, ¿Cómo? Con el simple hecho de seguir levantándose temprano, dar todo de sí en su trabajo, ganando lo justo y no rendirse porque no conoce la palabra "no puedo". Y como somos de carne y hueso también la he visto quebrarse y decir "no puedo más", pero siempre se ha levantado y de cero empezado de nuevo, y disfrutamos de un grato almuerzo a lado de mi abuela que ya es y bisabuela, de verdad que disfruta mucho de mis sobrinos aunque le demande tiempo y gran esfuerzo, al final lo que importa es el amor. 

Logré conversar con varios amigos que más, en realidad tenía una lista de veinte pero en cinco días solo pude hablar con la mitad incluso con algunos con quienes no tenía planeado conversar, en todo caso fueron unos días muy productivos hasta la última noche que le llevé a mi mamá la ropa sucia de esos días, fue para lo único que no me alcanzó el tiempo (aunque todos dirán que fue por cómodo) aunque cabe precisar que fueron muy pocas prendas.



Desde una banquita del Parque Centenario 

Un día antes de regresar, martes por la tarde, decidí ir a comprar chocolates al centro también para ver el movimiento y las actividades comerciales y ver si "la crisis" hacia sus efectos. Y en esta época en cuando las personas están más creativas y buscan nuevas oportunidades de generar ingresos  usando su creatividad, ingenio y echándole ganas, actitud, hambre de salir adelante.

Pasé por el parque Centenario donde tomé una foto a la Columna de los Próceres, me preguntaba qué harían ellos cuando la crisis alborotaba los ánimos, lo único que estaba seguro es que se quejarían menos y actuarían más, que buscarían una oportunidad, una salida, una luz en medio de la oscuridad y no se pasaran echándole la culpa de las juntas de gobierno o a la Asamblea porque la decisión estaba en ellos. Pero también me di cuenta que en las calles aún hay de esos "próceres" que siguen trabajando, que siguen luchando, siendo y haciendo un poco más cada día. 

Por lo pronto, seguiré yendo a Guayaquil por cuestiones de negocios, y por supuesto, a ver a mi gente que tanto la extraño, a comer encebollado en la esquina de mi casa, a visitar en el Cerro a un amigo, a almorzar con mamá, en definitiva, a seguir viajando por el sólido norte, haciendo que las cosas sucedan.

Estas idas y vueltas valen la pena. ¡Libertad!

sábado, 20 de febrero de 2016

Home Sweet Home





Estos cinco años que llevo en el sólido norte peruano he aprendido costumbres y tradiciones, conocido muchas personas de todas partes, lugares encantadores alrededor de varias ciudades y departamentos, dentro de todo estos han sido los mejores años de mi corta vida hasta ahora.

En el 2011 vine con mis papás a Piura, me dejaron como buen niño en el dormitorio donde iba a vivir solo, lejos de la familia de sangre; la verdad estaba muy tranquilo porque sabía que no estaba solo porque estaba en casa, con amigos que eran en realidad como mis hermanos, siempre al servicio, siempre atentos y dispuestos a ayudarme. Uno de esos detalles es que como tenía mi problemas de los riñones todo el año que estuve ahí tomé dos litros de chancapiedra al día, un litro en el almuerzo y otro litro en la cena, todo un record. 

Pasé todo el año en Perú, viajé a Lima en fiestas patrias, conocí las playas de Piura y algunos otros lugares, sobre todo hice buenos amigos. Me esperaban unas cortas vacaciones en Guayaquil con todo el acento peruano enraizado, algunos no me reconocían.

Después de ese lapso cambié de casa, tres amigos nos unimos y alquilamos un departamento en la zona de Miraflores atrás de un gran parque donde solía correr un rato por las tardes aprovechando la sombra del gran número de árboles que tenía. Lo único malo es que El Candil, como se llamaba el edificio, tenía cinco pisos y claro está nosotros vivíamos en el quinto. Así pasamos hasta mayo del 2013 cuando la señora nos avisó que debíamos salir del departamento. Todo pasa por algo. 

Para seguir con la historia, un amigo consiguió casa y quedamos solo dos sin hogar. Lo bueno es que por esos meses sus papás estaban por terminar la residencia que tantos años había escuchado que iban a construir en Miraflores, la famosa residencia universitaria Miraflores. Ocupamos los dos primeros dormitorios con vidrios provisionales porque aún faltaba por terminar, estábamos casi en la nada, como yo le decía a Alex, era un lugar donde reclinar la cabeza.

En pocas semanas llegaron varios chicos de Lima y otras ciudades a vivir a la casa, habían instalado en el tercer piso una sala de estudio con pizarra, en el primero una sala y un comedor, un amplio jardin con cesped y una zona de lavandería y la cocina, era un lujo para las muchas residencias o pensiones que existen en Piura.

Lo mejor de la casa era los momentos que compartíamos entre los residentes, es decir, el almuerzo, la cena y las películas en la noche. Muchos de los chicos estaban acostumbrados a dormir tarde y levantarse muy temprano, de hecho me levantaban cuando ellos salían a la universidad. 

Residencia universitaria Miraflores. Las dos torres.


Después de ya tres años vivir en mi nueva casa algunas cosas han cambiado, la sala tiene muebles super cómodos, hay lavadora (cosa que nos solucionó la vida a todos) y una nueva sala de estudio en el cuarto piso, los chicos que vienen a la casa en su mayoría son becados y estudian duro todo el año. Además, con el viaje de Alex a Lima quedé a cargo de la casa es algunas cosas, sobre todo que los chicos estén bien y comunicar si algo no funcionaba o simplemente guardar los platos de la cocina en la noche antes de dormir. Siempre todo en orden. 

Entrado este año sigo como en casa, donde empezamos dos gatos y ahora tenemos residentes de todas partes del Perú, yo la bauticé como Internacional por mi presencia, obvio, siempre hay que marketear el servicio que tenemos. En todo caso, estar en un lugar donde no hay nada y después tener varias comodidaes te hace apreciarlo más aunque no hayas sido tú quien lo haya conseguido ya que sabes qué se ha hecho por dar a otros lo que realmente se merecen y no ser una pensión más. 

Termino contando que se me hará duro dejar la casa cuando vuelva a Ecuador, fecha que aún no está definida, primero porque no hay aún quien se encargue de guardar los platos en la noche y porque guarda muchos recuerdos este espacio que se convirtió en mi hogar, personas, anécdotas, tristeza pero sobre todo alegrías, muchas alegrías.

lunes, 15 de febrero de 2016

Un sueño, una afición

Estas semanas de relativa tranquilidad en Piura me han servido para, entre otras cosas, volver a plantear metas y terminar un par de pendientes que tengo respecto a mi trabajo como investigador. Recordando el corto tiempo después del colegio la verdad no había desarrollado aficiones en las que podría invertir mi tiempo y compartirlas con otros. Lo único que recordé fue que Andrés, un amigo de la secundaria, me enseñó a tocar batería allá por el 2007 cuando aprovechábamos las tardes para hacer algo de música en una iglesia cerca del colegio.

Desde mucho antes tenía gusto por la música, sobre todo por el rock aunque ya después diversifiqué mis gustos conociendo nuevas personas, incluso mi vecino desde el balcón de su casa me gritaba cada vez que salía para la escuela "rockero barcelonista". La verdad me gustaba tirarme en el piso como los rockstars con la escoba de mamá.

En todo caso recordando esas anécdotas también me decidí a retomar algunas aficiones que tenía, no debía abandonar mis sueños aunque no me convirtiera en un estrellas internacional porque mamá nunca me dejaba tener el cabello largo o porque mi objetivo real es solo conocer nuevas personas, no cantar o tocar en el Luna Park, en fin, era hora de volver a las baquetas.


Ensayo en el estudio, Melani y su cuaderno de canciones

domingo, 14 de febrero de 2016

Dejando huellas


Revisando mis apuntes personales, encontré unas palabras del Papa Francisco que hace algún tiempo las había escuchado en un documental, entre otras cosas decía: "el que no deja huella, no sirve para nada". Estas palabras fuertes pero con cariño de padre me hicieron reflexionar, primero si estoy correspondiendo a ese regalo de la vida y si eso se ve reflejado para los demás. 

También me pregunté sobre mi trabajo como docente ya que además de las clases que preparaba quiera o no dejaba algo más, personalidad, anécdotas, experiencias de vida, etc., quise analizar si en verdad estaba dejando esa huella en los alumnos y profesores, tarea de quien quiere cambiar el mundo.

El compromiso como docente implica entrar a la vida del otro también sabiendo que debemos respetar la intimidad de cada uno, pero en esa relación procuramos dar todo lo bueno que tenemos, formar personas de modo que desarrollen ellos mismos sus propias habilidades y experiencias a partir de unos conocimientos científicos que no es lo más único que se consigue en la escuela. 

En palabras del Papa acerca de la labor de los profesores decía, "los niños tienen que encontrar en los docentes algo que no pueden encontrar en los libros ni en las computadoras, valores de vida y costumbres que pueden abrirle un panorama amplio para no quedarse en lo superficial". 

Hoy más que nunca es una tarea pendiente y un verdadero reto con todos los medios que poseemos, modas, carencia de valores, familias disfuncionales. Ahora se debe poner en práctica lo que dicen los líderes cuando las cosas se ponen difíciles: cuando el camino se ponen duro, los duros se ponen en el camino.

En el nuevo enfoque de aprendizaje en Historia y Ciencias Sociales se pretende que el alumno desarrollo un pensamiento reflexivo sobre su actuar y su medio; y el Papa Francisco en su reciente venida a Ecuador dice a un grupos de profesores universitarios recalcó: "los profesores no deben ir a doctorear, a dar cátedra, sino como hacía Jesús, meterse en la vida de los demás como un servicio, cosa que quizá nadie lo haga".

Hace pocas semanas terminé mi periodo como colaborador en un colegio de Piura, aprendí mucho, me enriquecí de la experiencia de mis compañeros de profesión y de mis alumnos; creatividad, sinceridad y la amistad siempre estaban presente en las clases y fuera de ellas. Fue así como cada vez me voy dando cuenta que la tarea del profesor también está fuera de los muros de aquellos templos del saber, es fuera donde muchas veces se consigue un aprendizaje que va más allá de lo formal.

Claro está que no debemos menospreciar el conocimiento científico que para todos nosotros es necesario y muchas veces a nosotros nos hace falta y no ponemos en práctica ese afán de saber. Pero lo realmente importante es esa tan dichosa formación integral que todos anhelamos es despertar e incentivar el juicio crítico a partir de cómo nosotros lo hacemos también en clase, esta reflexión a partir de unos contenidos será luego una verdadera reflexión de su actuar, en la vida misma y en el desarrollo personal de sí y de sus cercanos, de sus amigos, de sus familiares, !cómo hace falta profesores que enseñen a pensar y a vivir!

Pues nos damos cuenta que el acercamiento al alumno, lo que llamamos tutoría, sin ser los encargados de algún grupo en concreto, es lo que debemos realizar para desarrollar valores, costumbres, virtudes humanas y hacer de este un mundo mejor para todos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Hasta el atardecer en el Bajo Piura


En otro de mis tantos viajes por el departamento, por algunas razones decidí ir con mi equipo de trabajo a Sechura, ciudad de pescadores, pequeña pero muy activa con respecto a actividades productivas, y principalmente porque su gente es muy jovial y amable, comparten y nos hicieron sentir en familia. 

Salimos temprano desde el terminal de Los Polvorines, un sector de la ciudad que carece de servicios básicos y que hace algunos meses ha querido ser reubicado por iniciativa de las autoridades ya que el Fenómeno del Niño era inminente. Ya abordo, entre ilusiones y algunos temas de conversación en un poco más de una hora llegamos a la ciudad, el objetivo en realidad era compartir una oportunidad de negocio con algunos contactos que teníamos y conocer nuevas personas.

Recorrimos la zona del mercado y el centro, pocas cuadras por recorrer pero demandó algunas horas invitar a nuestro evento alrededor de unas cuarenta personas, ahí les íbamos a explicar de qué iba el proyecto que estábamos desarrollando. ¿Al final qué creen qué pasó? Tuvimos una gran reunión, no cabía nadie más en la sala que habíamos alquilado. La verdad no. Visitamos al tío de una persona que nos acompañó al viaje y después nos preparamos para el evento, al final nadie fue, nos quedamos esperando alrededor de una hora y media conversando, haciendo bulla para llamar la atención pero al final "cerramos el kiosco" y nos regresamos a Piura.

Todos sentimos no poder haber logrado nuestro objetivo pero tuvimos varios aprendizajes que los compartimos en el viaje de regreso, adquirimos postura y afán de continuar con el proyecto que estábamos desarrollando, lo que había pasado era una prueba más, nos conocimos un poco más y decidimos que en dos semanas regresaríamos de nuevo para conocer nuevas personas y para conectar a las que ya habíamos conocido, a seguir creando relaciones que en realidad es la clave para todo.

Atardecer en Sechura, viaje de regreso después de un día de mucho esfuerzo

Antes de que saliera el bus alcancé a tomar una foto con mi celular, esto siempre lo hago a los lugares donde voy, cada imagen guardará un recuerdo, alguna anécdota que nos hará ver que cada unas de las acciones que hacemos, pequeñas o grandes, en realidad vale la pena, y mucho mejor si cuentas con un grupo de amigos incondicionales.


Una imagen, un recuerdo, una historia.

lunes, 8 de febrero de 2016

Entre barro y el Cerro Vicús


Último fin de semana del mes de enero y salí de mi casa con dirección al terminal de Castilla, aunque me di cuenta que estaba a pocas cuadras de mi casa tomé una movilidad y luego en el punto un bus que me llevó directo a Chulucanas, distrito que pertenece a la provincia de Morropón a unos 60 kilómetros de Piura.

El objetivo era llegar a un lugar donde hombres y mujeres se dedicaban a dar forma inédita a la arcilla y a darles hermosos acabados hasta conseguir productos muy cotizados a nivel mundial. Luego de una hora de viaje entre transbordos en la ciudad, tomar otra moto y pasar entre sembríos de plátano, uva, entre otras cosas; llegué a un lugar llamado La Encantada, entre varias calles llenas de lodo y otras en las que ya están colocando concreto, incluso la calle central tiene un parque que está por terminar.

Cantaritos
Algunos de los artículos que elaboran los artesanos

Recorriendo las calles, en medios de casas donde la sala es el taller del artesano fui conociendo personas que se dedicaban a realizar este arte tradicional es la zona y se ha enseñado a través de generaciones de familias no sólo en Chulucanas sino en toda la región. Así me hice amigo de Juan Carlos que 
se dedicaba varias décadas a la confección de cerámica incluso había exportado hacia algunos países de Latinoamérica a través de algunos distribuidores con quien consiguió conexiones. 

Terminada mi vuelta por las calles de La Encantada regresé y disfruté de la vista que ofrece la zona, le pregunté al joven de la moto si es verdad lo que veía, por primera vez me acercaba tanto al cerro Vicús, lugar de mitos y leyendas, zona donde hace muchos siglos empezó todo, seguramente los habitantes de esta zona conocen perfectamente relatos de los ancestros y las culturas que nos dejaron todo un legado importante, gracias a Dios muchos se dedican a cultivar y conservar las tradiciones.

A lo lejos el Cerro Vicús. Disfrutando del paisaje
Emprendí mi viaje de regreso a la ciudad, disfrutando de esos momentos que solo la naturaleza te puede ofrecer, bosque, lluvia leve, con la vista del cerro Vicús, paisaje hermoso como para pensar en que esta zona puede seguir siendo un simple caserío, las personas pueden no recibir una educación del nivel como lo reciben muchas que conozco pero desde aquí, desde este lugar un poco escondido se elabora el mejor arte en cerámica reconocido incluso internacionalmente, me deja la duda su nosotros lo valoramos tanto como ellos.

Siempre hay un buen algarrobo donde conversar por la tarde con una jarra de chicha fresca