Revisando mis apuntes personales, encontré unas palabras del Papa Francisco que hace algún tiempo las había escuchado en un documental, entre otras cosas decía: "el que no deja huella, no sirve para nada". Estas palabras fuertes pero con cariño de padre me hicieron reflexionar, primero si estoy correspondiendo a ese regalo de la vida y si eso se ve reflejado para los demás.
También me pregunté sobre mi trabajo como docente ya que además de las clases que preparaba quiera o no dejaba algo más, personalidad, anécdotas, experiencias de vida, etc., quise analizar si en verdad estaba dejando esa huella en los alumnos y profesores, tarea de quien quiere cambiar el mundo.
El compromiso como docente implica entrar a la vida del otro también sabiendo que debemos respetar la intimidad de cada uno, pero en esa relación procuramos dar todo lo bueno que tenemos, formar personas de modo que desarrollen ellos mismos sus propias habilidades y experiencias a partir de unos conocimientos científicos que no es lo más único que se consigue en la escuela.
En palabras del Papa acerca de la labor de los profesores decía, "los niños tienen que encontrar en los docentes algo que no pueden encontrar en los libros ni en las computadoras, valores de vida y costumbres que pueden abrirle un panorama amplio para no quedarse en lo superficial".
Hoy más que nunca es una tarea pendiente y un verdadero reto con todos los medios que poseemos, modas, carencia de valores, familias disfuncionales. Ahora se debe poner en práctica lo que dicen los líderes cuando las cosas se ponen difíciles: cuando el camino se ponen duro, los duros se ponen en el camino.
En el nuevo enfoque de aprendizaje en Historia y Ciencias Sociales se pretende que el alumno desarrollo un pensamiento reflexivo sobre su actuar y su medio; y el Papa Francisco en su reciente venida a Ecuador dice a un grupos de profesores universitarios recalcó: "los profesores no deben ir a doctorear, a dar cátedra, sino como hacía Jesús, meterse en la vida de los demás como un servicio, cosa que quizá nadie lo haga".
Hace pocas semanas terminé mi periodo como colaborador en un colegio de Piura, aprendí mucho, me enriquecí de la experiencia de mis compañeros de profesión y de mis alumnos; creatividad, sinceridad y la amistad siempre estaban presente en las clases y fuera de ellas. Fue así como cada vez me voy dando cuenta que la tarea del profesor también está fuera de los muros de aquellos templos del saber, es fuera donde muchas veces se consigue un aprendizaje que va más allá de lo formal.
Claro está que no debemos menospreciar el conocimiento científico que para todos nosotros es necesario y muchas veces a nosotros nos hace falta y no ponemos en práctica ese afán de saber. Pero lo realmente importante es esa tan dichosa formación integral que todos anhelamos es despertar e incentivar el juicio crítico a partir de cómo nosotros lo hacemos también en clase, esta reflexión a partir de unos contenidos será luego una verdadera reflexión de su actuar, en la vida misma y en el desarrollo personal de sí y de sus cercanos, de sus amigos, de sus familiares, !cómo hace falta profesores que enseñen a pensar y a vivir!
Pues nos damos cuenta que el acercamiento al alumno, lo que llamamos tutoría, sin ser los encargados de algún grupo en concreto, es lo que debemos realizar para desarrollar valores, costumbres, virtudes humanas y hacer de este un mundo mejor para todos.
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