En mi último viaje a la ciudad de Guayaquil estuve conversando con muchas personas, amigos, familia y también desconocidos, la verdad desde hace pocas semanas he estado, como dicen, muy lanzado y medio sin vergüenza (más de lo que ya era) para entablar sin nungún miedo conversación con desconocidos, conversar un rato, preguntarles a qué se dedican o saber cómo les va, no saben a cuántos les hacía falta una palabra de aliento o una esperanza, y para eso estamos, siendo luz en medio de la oscuridad de muchas personas, siempre con humildad y respeto por la libertad personal.
Luego de esta introducción breve les sigo contando sobre mis aventuras caminando despacio por el centro, por los suburbios donde crecí y aprendí a no subestimar a nadie, por mi colegio, etc; algunas personas por mi barrio me preguntaban qué estaba haciendo por ahí ya que han sido cinco años donde esporádicamente iba, mis estudios universitarios y mis circunstancias personales hacían que me ueden en Perú. Les sorprendía a muchos que estaba emprendiendo en algo que no tenía nada que ver con mi carrera y empecé a experimentar cierta vergüenza o temor del qué dirán. Después,malo pensé bien, reflexioné sobre la situación de cada uno de los que me preguntaron eso y me di cuenta que ninguno se dedicaba para lo que había estudiado, pocos habían terminado la universidad, incluso algunos con una mala situación siempre me hablaban sobre la crisis del país y que hay pocas oportunidades que existen hoy en día.
Entonces ahí estaba mi respuesta, cómo es que los que no habían emprendido, o no se habían esforzado (algunos no todos porque tengo muchos amigos que les va muy bien) me podían aconsejar a mí que no emprenda, que no me arriesgue, que busque un trabajo seguro, que no había oportunidades ahí afuera, algunas cosas depende cómo las veas, unos pueden salir en la lluvia a divertirse, reír y bailar, otros simplemente morirse de la ira porque se les mojó su ropa, cosa que me ha pasado, o renegar porque las calles, porque el lodo, por esto y lo otro, y me di cuenta que cada uno tiene la decisión de hacer que las circunstancias te resten y sumirte en lo más hondo de la tristeza o, por el contrario, dar gracias a Dios porque llovió y pudiste ver un hermoso arcoiris desde la ventana del bus repleto y que llegues a casa donde nadie te espera y poder sentirte en paz porque las circunstancias son eso y nada más.
Algunos dirán que mi forma de pensar o ver las cosas es demasiado positiva o poco realista, que quizá me vuelto un poco loco por los libros que leo o porque la gente con la cual me junto me ha cambiado. Te cuento algo en confidencia, si esto pasó así y ahora pienso diferente le doy muchas gracias a Dios, porque los principios que me enseñaron mis padres y mis profesores del colegio siguen intactos, aún sigo cultivando los hábitos que aprendí con mis amigos de mi adolescencia, así que no hay de qué preocuparse.
En todo caso, estos pocos días en Guayaquil han sido de enorme aprendizaje, empezando porque sigo viendo a mi mamá (profesora de primaria) llegando de su trabajo cansada a almorzar conmigo. Supongo que cuando lea esto sabrá que me ha enseñado a ser perseverante y a no abandonar nunca lo que emprendo, ¿Cómo? Con el simple hecho de seguir levantándose temprano, dar todo de sí en su trabajo, ganando lo justo y no rendirse porque no conoce la palabra "no puedo". Y como somos de carne y hueso también la he visto quebrarse y decir "no puedo más", pero siempre se ha levantado y de cero empezado de nuevo, y disfrutamos de un grato almuerzo a lado de mi abuela que ya es y bisabuela, de verdad que disfruta mucho de mis sobrinos aunque le demande tiempo y gran esfuerzo, al final lo que importa es el amor.
Logré conversar con varios amigos que más, en realidad tenía una lista de veinte pero en cinco días solo pude hablar con la mitad incluso con algunos con quienes no tenía planeado conversar, en todo caso fueron unos días muy productivos hasta la última noche que le llevé a mi mamá la ropa sucia de esos días, fue para lo único que no me alcanzó el tiempo (aunque todos dirán que fue por cómodo) aunque cabe precisar que fueron muy pocas prendas.
![]() |
| Desde una banquita del Parque Centenario |
Un día antes de regresar, martes por la tarde, decidí ir a comprar chocolates al centro también para ver el movimiento y las actividades comerciales y ver si "la crisis" hacia sus efectos. Y en esta época en cuando las personas están más creativas y buscan nuevas oportunidades de generar ingresos usando su creatividad, ingenio y echándole ganas, actitud, hambre de salir adelante.
Pasé por el parque Centenario donde tomé una foto a la Columna de los Próceres, me preguntaba qué harían ellos cuando la crisis alborotaba los ánimos, lo único que estaba seguro es que se quejarían menos y actuarían más, que buscarían una oportunidad, una salida, una luz en medio de la oscuridad y no se pasaran echándole la culpa de las juntas de gobierno o a la Asamblea porque la decisión estaba en ellos. Pero también me di cuenta que en las calles aún hay de esos "próceres" que siguen trabajando, que siguen luchando, siendo y haciendo un poco más cada día.
Por lo pronto, seguiré yendo a Guayaquil por cuestiones de negocios, y por supuesto, a ver a mi gente que tanto la extraño, a comer encebollado en la esquina de mi casa, a visitar en el Cerro a un amigo, a almorzar con mamá, en definitiva, a seguir viajando por el sólido norte, haciendo que las cosas sucedan.

Estas idas y vueltas valen la pena. ¡Libertad!

No hay comentarios:
Publicar un comentario