Estos cinco años que llevo en el sólido norte peruano he aprendido costumbres y tradiciones, conocido muchas personas de todas partes, lugares encantadores alrededor de varias ciudades y departamentos, dentro de todo estos han sido los mejores años de mi corta vida hasta ahora.
En el 2011 vine con mis papás a Piura, me dejaron como buen niño en el dormitorio donde iba a vivir solo, lejos de la familia de sangre; la verdad estaba muy tranquilo porque sabía que no estaba solo porque estaba en casa, con amigos que eran en realidad como mis hermanos, siempre al servicio, siempre atentos y dispuestos a ayudarme. Uno de esos detalles es que como tenía mi problemas de los riñones todo el año que estuve ahí tomé dos litros de chancapiedra al día, un litro en el almuerzo y otro litro en la cena, todo un record.
Pasé todo el año en Perú, viajé a Lima en fiestas patrias, conocí las playas de Piura y algunos otros lugares, sobre todo hice buenos amigos. Me esperaban unas cortas vacaciones en Guayaquil con todo el acento peruano enraizado, algunos no me reconocían.
Después de ese lapso cambié de casa, tres amigos nos unimos y alquilamos un departamento en la zona de Miraflores atrás de un gran parque donde solía correr un rato por las tardes aprovechando la sombra del gran número de árboles que tenía. Lo único malo es que El Candil, como se llamaba el edificio, tenía cinco pisos y claro está nosotros vivíamos en el quinto. Así pasamos hasta mayo del 2013 cuando la señora nos avisó que debíamos salir del departamento. Todo pasa por algo.
Para seguir con la historia, un amigo consiguió casa y quedamos solo dos sin hogar. Lo bueno es que por esos meses sus papás estaban por terminar la residencia que tantos años había escuchado que iban a construir en Miraflores, la famosa residencia universitaria Miraflores. Ocupamos los dos primeros dormitorios con vidrios provisionales porque aún faltaba por terminar, estábamos casi en la nada, como yo le decía a Alex, era un lugar donde reclinar la cabeza.
En pocas semanas llegaron varios chicos de Lima y otras ciudades a vivir a la casa, habían instalado en el tercer piso una sala de estudio con pizarra, en el primero una sala y un comedor, un amplio jardin con cesped y una zona de lavandería y la cocina, era un lujo para las muchas residencias o pensiones que existen en Piura.
Lo mejor de la casa era los momentos que compartíamos entre los residentes, es decir, el almuerzo, la cena y las películas en la noche. Muchos de los chicos estaban acostumbrados a dormir tarde y levantarse muy temprano, de hecho me levantaban cuando ellos salían a la universidad.
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| Residencia universitaria Miraflores. Las dos torres. |
Después de ya tres años vivir en mi nueva casa algunas cosas han cambiado, la sala tiene muebles super cómodos, hay lavadora (cosa que nos solucionó la vida a todos) y una nueva sala de estudio en el cuarto piso, los chicos que vienen a la casa en su mayoría son becados y estudian duro todo el año. Además, con el viaje de Alex a Lima quedé a cargo de la casa es algunas cosas, sobre todo que los chicos estén bien y comunicar si algo no funcionaba o simplemente guardar los platos de la cocina en la noche antes de dormir. Siempre todo en orden.
Entrado este año sigo como en casa, donde empezamos dos gatos y ahora tenemos residentes de todas partes del Perú, yo la bauticé como Internacional por mi presencia, obvio, siempre hay que marketear el servicio que tenemos. En todo caso, estar en un lugar donde no hay nada y después tener varias comodidaes te hace apreciarlo más aunque no hayas sido tú quien lo haya conseguido ya que sabes qué se ha hecho por dar a otros lo que realmente se merecen y no ser una pensión más.
Termino contando que se me hará duro dejar la casa cuando vuelva a Ecuador, fecha que aún no está definida, primero porque no hay aún quien se encargue de guardar los platos en la noche y porque guarda muchos recuerdos este espacio que se convirtió en mi hogar, personas, anécdotas, tristeza pero sobre todo alegrías, muchas alegrías.

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