Salí de casa de prisa como siempre, tenía un problema con levantarme temprano y corrí a tomar el metro, por suerte la estación estaba en la esquina donde está mi apartamento así que no tardé en llegar a clases, era el primer día del semestre y quería estar antes para reencontrarme con la gente, con la humanidad.
Todos esperábamos el receso entre clase y clase para desarrollar nuestras habilidades sociales, como lo decía un viejo amigo, así que contábamos nuestros paseos, viajes y todo lo que habíamos hecho en las vacaciones. Con el transcurrir de los días recuperaba los contactos que había conseguido en años anteriores, uno de ellos era Carol que se había hecho muy amiga mía el anterior semestre ya que habíamos llevado varios cursos juntos y dentro de todos los pesares del año pasado había encontrado en ella en quien confiar, pasó mucho en poco tiempo así que también pude ayudarle en lo que podía, como me dijeron alguna vez, a veces lo mejor que puedes hacer es escuchar.
Ni bien pasar las primeras semanas se acercaba un evento muy importante para la universidad que era el concurso de baile interfacultades en el que todos querían participar y llevarse el Algarrobo de Oro, el más codiciado trofeo de baile de toda la región norte. De esta forma también tendrían un cupo para otros eventos internacionales, sin hablar de la gloria y la fama ya que el concurso era público y transmitido a nivel mundial por televisión e internet, algo sin precedente con todo la tecnología disponible hoy.
Como era de costumbre, quería ocupar un puesto dentro del elenco principal en mi facultad así que postulé y me aceptaron, me había ganado el puesto con la trayectoria que tengo, pero no nos desviemos del tema. Al transcurrir los ensayos iba conociendo más personas, pero me percaté que Carol tenía una nueva amiga, de hecho me enteré que se conocían de antes pero no le sacaba pinta como decimos en mi pueblo.
Algunos rumores corrían en la facultad que yo estaba detrás de una chica del elenco, y de otra de mi año, y otra y así, supe que eran las típicas oleadas de comentarios que en años anteriores también se habían suscitado pero el asunto es que no tenían fundamento para aquello, por lo tanto, seguía haciendo lo que tenía sin importar lo que decían aunque sinceramente me dolía por dentro porque algunas de esas personas las conocía, y me conocían. Cosas de la vida que no se entienden pero que deben superarse, amigos siempre contados con las manos, y muchas veces basta una sola para contarlos.
Siguiendo con la historia, en uno de esos días que salíamos del ensayo coincidí con Carol y salimos caminando por el sendero que daba directamente a un chifa así que decidimos conversar un rato y almorzar allí. Lo que no contábamos es que al poco rato pasó por nuestro lado su amiga, sus ojos oscuros hacían que lo pensara dos veces para decirle algo, pero me armé de valor, y como siempre digo: la vida es una sola así que la saludé con la misma personalidad que saludo a los que atienden en el cine. Así que desde allí ya no tuve miedo de hablarle, seguramente porque me percaté que, después de unos segundos, que por fuera era como una Superwoman pero por dentro, pensaba, tenía una pena que ella conocía pero que nadie aún la había podido ayudar a sanar, cosas que con intuición de profesor dices, hay algo aquí que no anda bien.
Al entablar una amistad con ella, no pensaba la verdad calar tan hondo como lo había hecho en tan poco tiempo, lo cual no me parecía raro porque en la facultad tenía buenas amigas que confiaban en mí, pero no al punto de contar conmigo para escuchar desde el corazón tantas penas y pesares que pueden traer abajo cualquier vida. Estaba seguro desde el momento que tomamos un café que, efectivamente, yo tenía razón al pensar que tenía una pena muy honda y muchos dolores en el cuerpo y en el alma pero que a la vez era tan fuerte para haber soportado tanto siendo tan joven.
Esto sinceramente me impactó porque un poder de otro mundo, el estar en gracia de Dios era patente y a mí me movió en el alma ya que hace algún tiempo no experimentaba eso, me había dejado a la deriva en una gran soledad espiritual que el testimonio de aquella joven me servía para que tomara la decisión de volver como hijo pródigo.
Al darme cuenta la situación que atravesaba mi amiga pensé que era necesario que me acercara un poco más y también dejará que ella entre en mi vida así como un amigo abre su corazón para que el compañero caído descanse y encuentre un refugio seguro, aunque sea por un momento. Antes de tomar la decisión siempre es bueno tener la opinión de otra persona así que como es obvio le pregunté a Carol que sin dudar me dijo que le parecía muy bien, que nada más tenía que contar desde ya con los futuros comentarios que iban a surgir seguramente de esta amistad, cosa que después de un segundo, no me importaron y los di por hechos.
Coincidió que ese mismo día la encontré con los vidriosos yendo por el sendero de los algarrobos así que conversé con ella aunque, como siempre, me limité a escucharla y hacerle una u otra broma para sacarle una sonrisa para calmarle, además de comerme todos los sandwiches que tenía guardados en su cartera, siempre me pregunté por qué llevaba tantos ese día.
Aproveché un viaje no planeado a Guayaquil para traer chocolates así que, aproveché para verla de nuevo, tomar un café y dárselos, al parecer le había gustado y cada vez que me visitaba en mi apartamento se lanzaba directamente hacia la cocina a ver si había alguno escondido por ahí, cosa que me causaba mucha gracia porque si no era eso cofia todo lo que podía a su paso, solo la veía como la hermana pequeña y fuerte que no tuve, aquello que me hacía falta para completar un vacío que tenía en la corta vida que hemos pasado.
Al escribir estas breves líneas he querido manifestar con estilo propio un gran cariño y aprecio, sin causar tristeza, hacia aquel personaje que aparece de repente en la historia, situación que pasa en la vida misma pero que se quedan para siempre y que no te arrepientes de conocerlos. Siento gran alegría haber escrito una historia resumida de una amistad transparente como Gasparín pero tan chévere como una película en el cine con un balde inmenso de cancha.
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